Redacción
La reducción en el número de mujeres latinas migrantes que buscan ayuda por situaciones de violencia es una de las señales que más preocupa actualmente al Violence Intervention Program (VIP) en Nueva York.
Jennifer Ruiz Díaz, gerente del departamento de violencia sexual de la organización, aseguró que durante los primeros meses posteriores al regreso de Donald Trump a la presidencia observaron una disminución en las solicitudes de apoyo, especialmente entre sobrevivientes de agresión sexual que temen denunciar por su situación migratoria.
“Sí hemos visto menos personas acercándose a pedir ayuda”, explicó Ruiz Díaz, quien trabaja en VIP desde 2014. Aunque aclaró que no puede afirmar categóricamente que esto ocurra únicamente por la nueva administración, señaló que el miedo a ser identificadas o deportadas ha generado incertidumbre entre muchas mujeres migrantes.
“Mucha gente pensó que estaban buscando personas en organizaciones o bases de datos”, comentó. Ruiz Díaz enfatizó que VIP no es una agencia gubernamental y que las personas pueden buscar apoyo de manera anónima.
“Si llaman a nuestra línea de ayuda (800-664-5880), no tienen que dar muchos detalles. Pueden simplemente pedir información”, explicó y agregó que la organización protege cuidadosamente la confidencialidad de quienes buscan asistencia debido a la naturaleza sensible de los casos de violencia doméstica y sexual.
El Violence Intervention Program nació en East Harlem en 1984, impulsado por mujeres afroamericanas y latinas que identificaron la ausencia de servicios culturalmente adecuados para sobrevivientes de violencia doméstica y agresión sexual en comunidades inmigrantes.
Cinco años después se convirtió en una organización independiente y actualmente es considerada la única organización en Nueva York liderada específicamente por y para sobrevivientes latinas de violencia doméstica y sexual.
“Comenzaron pequeñas aquí en East Harlem porque vieron la necesidad en las comunidades latinas y negras que no estaban recibiendo los servicios que necesitaban”, explicó Ruiz Díaz.
Con el paso de los años, la organización expandió sus oficinas al Bronx y Queens, además de crear programas especializados para responder a distintos tipos de violencia y vulnerabilidad económica.
Actualmente, VIP ofrece servicios gratuitos de consejería psicológica, grupos de apoyo, acompañamiento en procesos judiciales, referencias legales, refugios de emergencia, vivienda transicional y asistencia económica.
También cuentan con programas de justicia económica y el programa HomePlus, una iniciativa que ayuda a sobrevivientes a permanecer en sus hogares mediante apoyo financiero y sistemas de alarma de seguridad.
Muchas mujeres llegan a la organización después de atravesar situaciones extremadamente vulnerables relacionadas con pobreza, migración o explotación laboral.
“Hemos atendido sobrevivientes que estaban buscando trabajo y terminaron siendo agredidas o engañadas para situaciones de trata o explotación sexual”, dice Ruiz.
Para la especialista, el estatus migratorio puede convertirse en un factor que incrementa el riesgo de violencia.
“Muchas sobrevivientes creen que no pueden buscar ayuda o tienen miedo de las repercusiones”, dijo. También mencionó barreras lingüísticas y el temor hacia personas con poder o control sobre sus vidas como elementos que dificultan denunciar.
En ese contexto, VIP busca acercarse a comunidades inmigrantes mediante campañas comunitarias y trabajo territorial en vecindarios de bajos ingresos. La organización colabora con iglesias, escuelas, pequeños negocios y centros de salud para distribuir materiales informativos en español y educar sobre violencia doméstica y sexual.
Según su último reporte publicado en 2023, VIP realizó 237 eventos presenciales que alcanzaron a más de 20 mil personas y distribuyeron 40 mil materiales educativos con información sobre recursos de ayuda. Ruiz Díaz insistió en que muchas veces las víctimas no reconocen que están viviendo situaciones de violencia porque ciertos comportamientos han sido normalizados culturalmente.
“La violencia no es solamente física. También puede ser emocional, psicológica o financiera”, explicó. Añadió que impedir que una mujer trabaje, controlar su dinero o incluso limitar el uso de anticonceptivos también son formas de violencia.
La gerente del programa de violencia sexual explicó además que uno de los conceptos más importantes es el consentimiento.
“Si algo se siente mal o hay miedo de decir que no, muchas veces ahí están las primeras señales”, afirmó.
Según dijo, muchas personas no logran identificar de inmediato una relación abusiva, pero el cuerpo suele reaccionar ante situaciones traumáticas antes de que puedan verbalizarlas. VIP también identificó un patrón recurrente entre sobrevivientes: la llamada “multivictimización”.
El programa de violencia sexual fue creado en 2019 luego de que muchas mujeres atendidas por violencia doméstica comenzaran a revelar experiencias previas de abuso sexual durante la infancia o adolescencia.
Ruiz Díaz aseguró que muchas sobrevivientes crecieron en contextos de pobreza extrema donde tuvieron que trabajar desde pequeñas o convivir con agresores dentro de sus propios círculos familiares.
“Hay sobrevivientes que cuentan que nadie hizo nada cuando denunciaron lo que ocurría”, relató. En algunos casos, explicó, los abusos eran cometidos por familiares o personas cercanas y continuaban durante años sin consecuencias debido al silencio dentro de las familias y comunidades.
La organización también trabaja con promotoras comunitarias, muchas de ellas antiguas sobrevivientes atendidas por VIP, quienes ahora ayudan a orientar a otras mujeres sobre cómo identificar situaciones de violencia y acceder a recursos de apoyo.
Ruíz Díaz destacó que cualquier persona sobreviviente de violencia basada en género puede comunicarse con la línea de ayuda bilingüe de la organización sin importar su identidad de género o situación migratoria.
*Especial Quadratín Hispano

