Opinión
Del Plato a la Boca…
En política, las palabras pesan más que los discursos completos. Un comentario desafortunado puede revelar más sobre la visión de un político que cien spots de campaña cuidadosamente producidos. Y eso parece estar ocurriendo con el senador Agustín Dorantes, quien ya se mueve como un aspirante del PAN a la gubernatura de Querétaro rumbo a 2027.
Llamar “sirvientas” a los alcaldes por el hecho de tener que limpiar las ciudades no es solamente una frase torpe; es una expresión profundamente desconectada de lo que significa gobernar. La función pública no está para lucirse en eventos ni para administrar desde el escritorio. Gobernar implica resolver problemas básicos: seguridad, alumbrado, agua, baches y sí, también basura.
Porque una ciudad limpia no es un trabajo menor. Es una obligación elemental de cualquier gobierno municipal.
La declaración exhibe una visión elitista de la política, donde las tareas cotidianas parecen indignas para quienes aspiran al poder. Pero precisamente ahí está el problema: muchos políticos quieren administrar el presupuesto, pero pocos quieren ensuciarse los zapatos atendiendo lo que realmente vive la ciudadanía.
En Querétaro, donde el PAN ha construido durante años una narrativa de eficiencia y cercanía, comentarios de este tipo erosionan ese discurso. La ciudadanía no espera gobernantes que desprecien el trabajo operativo de los municipios; espera funcionarios capaces de entender que servir implica atender incluso aquello que no da reflectores.
Más aún cuando los alcaldes son el primer contacto entre el ciudadano y el gobierno. Son quienes reciben las quejas por las calles sucias, los parques abandonados y la recolección deficiente. Minimizar esa responsabilidad es minimizar la vida diaria de miles de familias queretanas.
Si Agustín Dorantes busca convertirse en el próximo candidato del PAN a la gubernatura, tendrá que entender que la soberbia rara vez conecta con el electorado. En tiempos donde la ciudadanía exige empatía y resultados, despreciar las labores básicas de gobierno puede convertirse en un error político costoso.
Porque al final, la política no se trata de quién se siente superior al trabajo público, sino de quién está dispuesto a hacerlo.

