Opinión
Del Plato a La Boca…
En Querétaro hay un lugar donde los accidentes ya no sorprenden. Lo preocupante es que tampoco parecen sorprender a las autoridades.
Frente al Estadio Corregidora, sobre la carretera 57 con dirección a Paseo 5 de Febrero, la historia se repite con una frecuencia que debería avergonzar a todos los niveles de gobierno. Ayer, un tortón presuntamente se quedó sin frenos y embistió a 12 vehículos. El saldo fue de personas lesionadas y pérdidas materiales millonarias. Un día después, otro camión de carga volvió a protagonizar una carambola, ahora con nueve vehículos involucrados y más personas heridas.
Dos accidentes de gran magnitud en menos de 24 horas, en el mismo sitio, deberían ser suficientes para declarar que existe un problema estructural. Sin embargo, todo indica que volverá a ocurrir lo de siempre: peritajes, retiro de unidades, declaraciones oficiales y, después, el olvido.
Lo más grave es que nadie puede decir que fue algo imprevisible.
Ese tramo de la carretera 57 arrastra un largo historial de accidentes, muchos de ellos relacionados con vehículos de carga que descienden por la pendiente y terminan perdiendo el control. En marzo de este año, una carambola en esa misma zona dejó dos personas sin vida y 15 lesionadas. Hace algunos meses, otro accidente cobró la vida de un maestro de secundaria. Cada tragedia provocó indignación momentánea. Ninguna generó soluciones de fondo.
Y ahí aparece el argumento favorito de las autoridades locales: “es una carretera federal”.
Es cierto. Pero esa verdad jurídica se ha convertido en el mejor pretexto para la inacción. Mientras unos señalan a la Federación, otros esperan estudios, dictámenes o presupuestos. Al final, nadie asume plenamente el problema y quienes pagan las consecuencias son los ciudadanos.
La seguridad vial no entiende de competencias administrativas. La coordinación entre la Federación, el estado y el municipio existe precisamente para enfrentar situaciones como esta. Si un punto concentra accidentes de manera reiterada, la obligación política y moral es actuar, aunque la responsabilidad legal sea compartida.
¿Dónde están los operativos permanentes para revisar las condiciones mecánicas del transporte pesado? ¿Dónde están las medidas especiales para los vehículos que descienden por ese tramo? ¿Dónde están los estudios técnicos, las obras preventivas, las rutas alternas o los carriles de emergencia que desde hace años reclaman especialistas y transportistas?
Cada nuevo accidente confirma que las acciones implementadas, si es que existen, han sido insuficientes.
Lo verdaderamente peligroso no es únicamente la pendiente de la carretera. Es la pendiente de la indiferencia institucional.
En Querétaro hemos llegado al extremo de considerar normal que un choque múltiple paralice la ciudad. Normal que decenas de personas resulten lesionadas. Normal que la suerte determine si hay o no víctimas mortales.
Y eso nunca debe normalizarse.
Gobernar no consiste únicamente en reaccionar cuando las ambulancias ya están atendiendo heridos. Gobernar significa identificar riesgos, prevenir tragedias y coordinar soluciones antes de que ocurra la siguiente desgracia.
Porque, si después de tantos antecedentes nadie hace algo distinto, el próximo accidente dejará de ser un hecho fortuito para convertirse en la consecuencia previsible de una omisión colectiva.
La carretera 57 ya lanzó demasiadas advertencias. La pregunta no es si volverá a ocurrir otro accidente. La pregunta es cuántas vidas más tendrán que perderse para que las autoridades dejen de discutir de quién es la carretera y empiecen, por fin, a asumir que la responsabilidad de proteger a la gente es de todos.

