Redacción
Tercera llamada y comienza el sonidero. Las cumbias resuenan como un llamado hipnótico, atrayendo a cuatro personajes que se abren paso en una pista delineada por luces de neón. El público, desconcertado, no sabe si se equivocó de función o si la fiesta es parte del relato. Dudosos entre unirse al baile o tomar asiento en las sillas metálicas dispuestas a su alrededor, la mayoría opta por observar, como quien se encuentra inesperadamente con un sonidero barrial en una calle cerrada.
De pronto, la música se detiene. Uno de los personajes rompe el silencio para compartir su historia, mirando de frente al público. Así, entre vueltas como las de la vida misma, cada uno de ellos ofrece su testimonio: relatos que convergen en experiencias de discriminación, violencia e injusticia.
El sonidero se convierte en un espacio de resistencia y memoria, donde el baile y la cumbia simbolizan la rebeldía y la necesidad de recordar a los que ya no están.
Esta es la esencia de Estación Sonidera, un proyecto original de la compañía El Actor en la Montaña, que utiliza esta fiesta popular como metáfora para acercarse a nuevos públicos. Su estreno tuvo lugar el 27 de marzo en el Centro de las Artes de Querétaro, con la intención de medir la reacción del público antes de trasladar la puesta en escena a las calles, convirtiéndola en un auténtico sonidero teatral, explicó en entrevista con Diario de Querétaro su director, Adrián Palomo.
“Me interesa que la gente venga al teatro, por eso trabajé en una propuesta interactiva que los sacara de su concepción tradicional sobre el teatro. Quería provocar su participación, y la música fue el pretexto perfecto, porque todos llevamos un ritmo en nuestras vidas”, comentó.
Para desarrollar esta propuesta, Palomo realizó un trabajo de campo en los bailes populares organizados en el Jardín Zenea, de donde tomó elementos para contrastar la alegría de la cumbia con la dura realidad de las desapariciones, feminicidios y violencia en Querétaro y el país.
“Todo está diseñado para mover a la gente, tanto con el ritmo como con la carga emocional de la historia”, explicó el director. “Aunque la tragedia nos acompaña, la vida sigue, y debemos encontrar formas de resiliencia, como lo hacen los personajes de la obra”.
A pesar de la crudeza de los temas abordados, los diálogos no describen los hechos de manera explícita. “Los detalles no los vamos a decir. Es lo que tú crees que pasó”, dice uno de los personajes, invitando al público a reflexionar y construir su propia memoria de la violencia.
“Era algo que yo tuve claro desde el principio, que era importante hablar de estos temas graves, pero nunca de manera explícita porque no tiene caso cuando todo el tiempo estamos expuestos a ello, todo el tiempo lo vemos, lo escuchamos, lo sentimos”, argumentó Palomo.
La obra también reivindica el papel de las mujeres en el movimiento sonidero y el voguing como un estilo de baile emblemático de las disidencias sexuales. Además, toma como referencia la tragedia de Antígona, fusionándola con la cultura sonidera como otra forma de resistencia en la que la comunidad LGBTQI+ ha encontrado un refugio.
Por la naturaleza de Estación Sonidera, la cuarta pared se rompe constantemente. El público no solo es espectador, sino que también se convierte en protagonista dentro de la pista de baile.
Bajo la dirección de Adrián Palomo, la obra cuenta con las actuaciones de Maritza Hernández Polo, Mariela León, Lucero Sinecio y Alejandro Hernández. Además, Itayetzi Pineda se encarga de la composición y edición musical; Marcela Dovalí, del diseño de iluminación; Daniel Velázquez, del diseño de espacio y utilería; y Oscar Velázquez, del diseño de vestuario.
El proyecto fue beneficiado por la convocatoria Creación y Producción Teatral y Festivales Independientes de la Secretaría de Cultura del Estado y se desarrolló en el Diplomado de Capacitación y Profesionalización, Incubadora Escénica 2024.