Opinión
Del Plato a la Boca…
En política, la memoria suele ser corta. Y cuando se acercan los tiempos electorales, todavía más.
En los últimos días, el exfuncionario estatal Edward Sánchez del Río ha comenzado a difundir en redes sociales mensajes cargados de nostalgia sobre su origen en Hércules, Querétaro. Habla de su infancia, de la casa de sus padres, de las calles donde hizo sus primeras amistades y de los valores que —dice— marcaron su vida.
“Nací en Hércules, Querétaro, un lugar donde la historia se respira en sus calles”, escribe, apelando a la identidad comunitaria y al orgullo de barrio.
El mensaje es emotivo, incluso entrañable. Pero también inevitablemente incompleto.
Porque cuando un personaje público decide volver al escenario político, la historia personal no puede contarse a medias.
Antes de estas publicaciones cargadas de identidad y raíces, Sánchez del Río fue titular del Instituto del Deporte y la Recreación del Estado de Querétaro (INDEREQ), cargo al que llegó como parte del aparato gubernamental estatal. Su gestión, sin embargo, no terminó con una despedida tranquila ni con resultados deportivos como principal legado.
Terminó envuelto en polémica.
Durante su paso por el instituto comenzaron a hacerse públicas diversas denuncias de acoso y hostigamiento sexual al interior de la dependencia, lo que provocó investigaciones administrativas y la intervención de la Secretaría de la Contraloría estatal. (Rotativo)
Las acusaciones no fueron aisladas. Colectivos y organizaciones de defensa de derechos de las mujeres llegaron a señalar que acompañaban al menos ocho casos de presunto acoso y hostigamiento, uno de ellos incluso con señalamientos más graves, lo que detonó presión pública y exigencias de investigación. (Plaza de Armas | Querétaro)
Conforme el escándalo crecía, también lo hacía la lista de señalamientos relacionados con el ambiente laboral dentro del instituto deportivo. Reportes periodísticos documentaron múltiples denuncias por abuso y conductas indebidas vinculadas al entorno del INDEREQ durante ese periodo. (El Universal Querétaro)
Finalmente, Sánchez del Río dejó el cargo.
La salida no cerró el capítulo. Activistas y organizaciones insistieron en que la renuncia del entonces director no significaba el fin de las investigaciones ni de las denuncias que varias mujeres habían comenzado a presentar. (Plaza de Armas | Querétaro)
Ese es el contexto que hoy parece ausente en los mensajes que circulan en redes sociales.
Porque en política no basta con recordar el origen; también hay que asumir el pasado reciente.
Las narrativas de barrio, de infancia y de raíces suelen aparecer cuando alguien busca reconstruir capital político. Es una estrategia conocida: primero la historia personal, luego la cercanía con la gente, y finalmente la posibilidad de una candidatura.
No sería extraño que ese sea el siguiente paso.
En Querétaro ya se empieza a mover el tablero rumbo a los próximos procesos electorales, y más de un personaje busca reposicionarse en la conversación pública. Las redes sociales se han convertido en el primer terreno de esa batalla.
Pero también son el lugar donde la memoria colectiva suele ser más incómoda.
Porque mientras algunos recuerdan las calles de la infancia, otros recuerdan los escándalos de la función pública.
Y en política, tarde o temprano, ambos recuerdos terminan encontrándose.

