Redacción
Un altar prehispánico con restos humanos fue localizado durante las obras de la ruta del Tren México–Querétaro, a las afueras de la Zona Arqueológica de Tula. El hallazgo abre una nueva línea de investigación para comprender la organización de la antigua capital tolteca y los rituales que se realizaban en sus espacios periféricos.
El descubrimiento se realizó durante trabajos de salvamento arqueológico en el denominado Sitio 17, ubicado a unos 300 metros del perímetro protegido de Tula. Se trata de un momoztli, una estructura ceremonial que, por sus características, corresponde a la fase Tollan, entre los años 900 y 1150 después de Cristo.
El altar mide aproximadamente un metro por lado y presenta una base de cantera, probablemente andesita, con bloques pequeños en su cara externa. Está conformado por al menos tres cuerpos sin escalinatas, rematados con piedra basáltica, lo que sugiere que se trataba de una construcción funcional más que monumental.
En tres de sus lados se localizaron ofrendas compuestas por restos óseos humanos, entre ellos cuatro cráneos y huesos largos, posiblemente fémures. Dos de los cráneos se encontraban en la base del altar, uno orientado hacia arriba y otro hacia el suroeste, mientras que los otros restos aparecieron en niveles inferiores junto a vasijas.
Los arqueólogos consideran que no se trata de entierros completos, sino de partes seleccionadas con fines rituales. Incluso, no se descarta que algunos individuos hayan sido decapitados, ya que en esa época estas prácticas se realizaban con instrumentos de obsidiana o pedernal que dejan marcas identificables en los huesos.
Junto a los restos humanos se encontraron objetos asociados a la vida cotidiana y ceremonial, como un cajete negro con otro recipiente en su interior, fragmentos de obsidiana, navajillas, malacates, punzones de hueso y materiales malacológicos que serán analizados para determinar su origen y uso.
El contexto del hallazgo incluye también restos de muros, lo que sugiere que el altar se encontraba en el centro de un patio rodeado de estructuras habitacionales o espacios de élite, lo que refuerza la hipótesis de que en esa zona existieron complejos residenciales de alto rango dentro de la ciudad tolteca.
Los materiales recuperados serán enviados a distintos laboratorios para su análisis, mientras que las piezas cerámicas serán resguardadas en el estado de Hidalgo. El registro del sitio incluye levantamientos en dibujo y fotografías aéreas con dron que permitirán reconstruir un plano preliminar antes de retirar los elementos.
El hallazgo se suma a otros descubrimientos recientes en la zona y refuerza la importancia del salvamento arqueológico en proyectos de infraestructura, donde cada intervención puede aportar información clave sobre la vida, organización y ritualidad de las civilizaciones mesoamericanas.

