Opinión
Del Plato a La Boca…
En política, la palabra “unidad” suele aparecer cuando lo que realmente existe es competencia. Y en Querétaro, el llamado del gobernador Mauricio Kuri no es la excepción. Su insistencia en que el Partido Acción Nacional (PAN) debe cerrar filas rumbo a la definición de candidaturas revela, más que tranquilidad, que la disputa interna ya está en marcha.
El mensaje es claro: evitar fracturas. Pero también es una señal de que los grupos ya se están moviendo. No es menor que el propio gobernador pida “generosidad” y que cada quien “juegue donde más le convenga al equipo”. Traducido al lenguaje político, eso significa que alguien tendrá que ceder.
Porque sí, hay nombres.
En la baraja panista rumbo a la gubernatura de Querétaro ya se mencionan perfiles como el senador Ricardo Anaya Cortés, cuya reciente cercanía con Kuri reavivó especulaciones; el exalcalde de Querétaro, Luis Bernardo Nava Guerrero, el actual alcalde capitalino Felifer Macias, el Senador Agustín Dorantes Lámbarri, entre otros suspirantes.
Todos con méritos, todos con aspiraciones, y todos —inevitablemente— en la misma carrera.
Ahí es donde la “unidad” se pone a prueba. Porque no basta con invocarla; hay que construirla. Y eso implica reglas claras, piso parejo y, sobre todo, una decisión que no deje heridas abiertas. El riesgo para el PAN no es perder competitividad frente a la oposición, sino desgastarse desde dentro.
El próximo Consejo Nacional será clave. No solo por los métodos que se definan, sino por las señales políticas que se envíen. ¿Habrá una contienda abierta o una candidatura de consenso? ¿Se privilegiará el posicionamiento o la cercanía con el grupo gobernante?
Mientras tanto, el gobernador juega su papel: el de árbitro que busca dejar estabilidad como legado. Pero en política, los árbitros también tienen historia, equipo y preferencias.
Querétaro ha sido bastión panista, pero ninguna hegemonía es eterna. Si el PAN quiere mantener el control, tendrá que demostrar que su famosa “unidad” no es solo discurso, sino una verdadera capacidad de procesar sus diferencias.
Porque al final, la pregunta no es si habrá candidato. Eso es inevitable. La verdadera duda es si, después de la decisión, todos seguirán en el mismo equipo.

