Redacción
En las calles de Phoenix, el tráfico de armas opera bajo una normalidad escalofriante, oculta tras la pantalla de un teléfono inteligente en una habitación de hotel. Hoy, martes 17 de marzo, un reportaje exclusivo del periódico The New York Times pone al descubierto las entrañas de una logística que parece imparable.
Mientras la vigilancia fronteriza se enfoca casi obsesivamente en lo que entra a territorio estadounidense, una marea silenciosa de acero fluye en sentido contrario, alimentando una guerra que desangra a México con impunidad.
El adolescente que mueve el arsenal de Sinaloa
La investigación revela que el negocio es generacional y se adapta a la era digital. Un joven de apenas 17 años, hijo de un líder de una célula en Arizona, opera como un centro de llamadas criminal desde su recámara. A través de grupos de WhatsApp, este estudiante de bachillerato gestiona hasta 200 pedidos semanales de fusiles Kalashnikov y AR-15, duplicando su volumen en el último año.
La demanda se ha disparado porque el Cártel de Sinaloa libra una guerra en tres frentes: rencillas internas entre la facción de los Mayitos y Los Chapitos, un operativo constante del gobierno mexicano y la preparación ante una posible intervención militar extranjera.
Rutas de aire, mar y sobornos en el tráfico de armas
Los traficantes han sofisticado sus métodos para evadir la vigilancia. Ahora utilizan avionetas privadas que aterrizan en pistas clandestinas al sur de Culiacán con cargamentos de hasta mil 500 piezas de artillería.
El engranaje funciona gracias a la corrupción: empleados de tiendas de armas en Arizona reciben sobornos del 10 por ciento para falsificar registros, mientras que agentes de Customs and Border Protection (CBP) son señalados por recibir pagos para permitir el paso de vehículos con compartimentos ocultos. “Si pagas, pasas; si no, no”, confiesa un operador bajo anonimato, subrayando que la frontera es mucho más porosa de lo que se admite oficialmente.
El pulso diplomático: Sheinbaum vs. el flujo de fusiles
Cifras del Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives (ATF) indican que el 62 por ciento de las armas recuperadas en México provienen de Arizona. Ante esto, la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido enfática: sin frenar este flujo, los grupos criminales no tendrían el poder de fuego para llevar a cabo sus actividades delictivas.
Aunque las autoridades estadounidenses han decomisado más de 4 mil 300 armas en 14 meses, especialistas como Christopher Demlein advierten que el número real de fusiles contrabandeados podría alcanzar el millón anual. Para el cártel, el tráfico de armas es hoy su prioridad estratégica, incluso por encima de las drogas, debido a la intensidad de los combates.

