Redacción
Este jueves 5 de marzo, el conflicto en Medio Oriente dio un giro inesperado con la supuesta caída de los radares de Estados Unidos.
Mientras las fuerzas internacionales intentan procesar el impacto de la última jornada de ataques, el silencio de los sistemas de detección parece confirmar que algo ha cambiado drásticamente en la capacidad de respuesta aérea en la región, dejando a los mandos militares en una posición de vulnerabilidad tecnológica.
Un golpe al “ojo” tecnológico de la coalición
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) anunció con un tono desafiante que sus unidades de élite destruyeron más de siete radares ultraavanzados operados por Washington y el régimen israelí. Según el mando militar persa, sus adversarios ahora “quedan cegados” ante los nuevos embates, perdiendo la ventaja táctica que les brindaba la vigilancia electrónica de última generación.
Este movimiento estratégico ocurre después de que la aviación aliada golpeara puntos neurálgicos en Teherán, Shiraz e instalaciones de energía en la central de Isfahan durante el quinto día de hostilidades abiertas en suelo iraní.
Misiles hipersónicos contra el sistema THAAD
El CGRI destacó que sus misiles hipersónicos y enjambres de drones lograron eludir el sistema de protección THAAD, considerado el despliegue defensivo más costoso del planeta. Con este avance, Teherán afirma haber impactado objetivos de alto valor estratégico, como el edificio del Ministerio de Defensa de Israel y el Aeropuerto Internacional Ben-Gurion, localizados en el área metropolitana de Tel Aviv.
Ante tal presión, fuentes de la agencia Tasnim aseguran que el ejército estadounidense comenzó a replegarse de bases clave en Catar y Baréin.
El saldo humano tras la ofensiva
A pesar de los éxitos militares presumidos por los Guardianes, el costo humano sigue tiñendo de rojo las noticias en Irán. La Fundación de los Mártires y Asuntos de los Veteranos informó que la cifra de víctimas mortales en territorio persa alcanzó las mil 045 personas hasta el miércoles.
Con el acceso a internet interrumpido y severas restricciones para la prensa independiente, el panorama es de incertidumbre total sobre la magnitud real de los daños civiles y militares. Por ahora, la prioridad del Pentágono es intentar restablecer la operatividad de los radares de Estados Unidos para evitar que sus infraestructuras económicas colapsen definitivamente ante la próxima oleada de ataques.

