OPINIÓN
Del Plato a La Boca…
A poco más de un año de que inicie formalmente el proceso electoral para diversos cargos de elección popular, un fenómeno comienza a repetirse con puntualidad casi matemática: el resurgimiento digital de políticos que durante años permanecieron en cómodo silencio.
De pronto, quienes no daban señales de vida pública ahora despiertan —según sus propias publicaciones— a las cinco de la mañana, hacen ejercicio, toman café “con la gente”, asisten a reuniones ciudadanas y documentan hasta el menú del día. No importa que durante su gestión, encargo o periodo fuera del reflector jamás se les viera atender a un solo ciudadano, hoy las redes sociales sirven como escenario para una transformación exprés.
La discreción se convierte en hiperactividad digital. Los perfiles antes inertes ahora publican historias, reels y videos motivacionales. Se suben a los “trends”, bailan, hacen bromas forzadas, usan frases prefabricadas y participan en retos virales, todo con tal de recordarle al electorado que existen. El contenido importa poco; lo relevante es estar, aparecer, circular.
El problema no es el uso de redes sociales como herramienta de comunicación política, sino el espectáculo en el que se convierten cuando la autenticidad brilla por su ausencia. La política, en estos casos, deja de ser gestión y propuesta para convertirse en actuación: maroma, teatro y, en ocasiones, abierta comedia involuntaria.
Paradójicamente, mientras intentan humanizarse ante la audiencia digital, muchos terminan siendo objeto de burla, memes y comentarios irónicos. Pero incluso esa humillación parece asumirse como daño colateral aceptable. Al final, cualquier interacción es buena interacción cuando lo que se busca no es gobernar, sino posicionarse.
Así, el circo político vuelve a instalarse, ahora en formato vertical y con filtros. Porque para algunos aspirantes, el voto no se convence, se compra con likes, aunque eso implique hacer el ridículo público y confundir cercanía con exhibicionismo.
El electorado, cada vez más atento y crítico, tendrá la última palabra. Mientras tanto, el espectáculo ya comenzó.

