Redacciòn
Hay partidos que se recuerdan por el equipo que gana y otros por todo lo que estuvo a punto de ocurrir. El cuarto encuentro de la Serie Mundial 2026 tuvo un poco de ambos. Milwaukee Brewers llegó al Tropicana Field con la posibilidad de conquistar el primer título de su historia, pero Tampa Bay Rays se negó a despedirse ante su afición y forzaron una batalla que se extendió hasta la duodécima entrada.
El duelo terminó 4-3 a favor de Tampa Bay, que dicho sea de paso, evitó la barrida cuando parecía tener la derrota encima. Sin embargo, y dentro de lo más interesante, es que el encuentro también entró en los libros de historia por su duración y se colocó como uno de los más largos en los registros de la Serie Mundial.
Doce entradas para mantener vivo el sueño
La tensión creció con cada entrada. Tampa Bay respondió en la parte baja del Décimo segundo episodio. Tras un error defensivo de Joey Ortiz y varios imparables consecutivos, los Rays empataron el marcador y llenaron las bases. Ben Williamson apareció entonces con el batazo decisivo para impulsar la carrera de la victoria y desatar la euforia en el Tropicana Field.
Y justo fue el 12, el número de la suerte. De acuerdo con los libros de historia, este es el séptimo juego más largo de una Serie Mundial. Por si eso no fuera suficiente, los Rays se convirtieron, además, en apenas el quinto equipo en la historia de la Serie Mundial que gana el Juego 4 después de perder los tres primeros encuentros.
Un lugar entre las grandes maratones del Clásico de Otoño
La duración del encuentro lo colocó entre los diez partidos más largos de la historia de la Serie Mundial. El primer lugar continúa en manos del Juego 3 de 2018 entre Los Angeles Dodgers y Boston Red Sox, que duró 7 horas y 20 minutos y se resolvió en 18 entradas. En 2025, Dodgers y Toronto Blue Jays también disputaron un maratón de 18 episodios, pero apenas más corto (6 horas y 39 minutos).
El Juego 4 de 2026 no alcanzó aquellas cifras (4 horas y 12 minutos), pero su desenlace tuvo un peso especial. No fue únicamente una batalla de resistencia: para Milwaukee, significó aplazar la celebración; para Tampa Bay, representó una oportunidad más de cambiar el rumbo de una Serie Mundial que parecía sentenciada.

