Redacción
El tiroteo en Tailandia ocurrido este viernes ha dejado al menos ocho personas fallecidas y una treintena de heridos tras un violento asalto perpetrado por un adolescente de 14 años. La tragedia comenzó en la vivienda que el joven compartía con sus abuelos, a quienes atacó mortalmente, antes de dirigirse a la prestigiosa Escuela Debsirin, situada al norte de Bangkok.
Según las autoridades tailandesas, el menor sufría de una fuerte “presión académica” y estrés escolar, motivado por las altas expectativas de sus familiares. Tras irrumpir en el centro educativo armado con una pistola perteneciente a su abuelo, disparó contra profesores y personal administrativo, dejando cinco víctimas mortales confirmadas —entre ellas el vicedirector de la institución— y numerosos heridos, varios de ellos en estado crítico.
Clima de tensión y debate sobre el control de armas
A pesar de la magnitud de los hechos, los testimonios recogidos por EFE apuntan a que no existían señales previas de alerta sobre el comportamiento del menor. Familiares y docentes expresaron su consternación ante un suceso que reabre el debate sobre la laxitud normativa en la tenencia de armas en la nación asiática.
Tailandia cuenta con una legislación que data de 1947, considerada obsoleta, y un alto índice de armas de fuego en manos de civiles, lo que vuelve a poner en la palestra la urgente necesidad de reformar las políticas de seguridad y control en los centros educativos tras este devastador tiroteo en Tailandia.
El tiroteo de este viernes fue el más grave en Tailandia desde octubre de 2022, cuando un expolicía abrió fuego en el interior de una escuela infantil del noreste de Uthai Sawan (noreste) y mató con un rifle automático y un cuchillo a 34 personas, entre ellas 22 niños y una profesora embarazada.

