Opinión
Del Plato a la Boca…
Los apagones dejaron de ser un hecho aislado para convertirse en una constante en Querétaro. En lo que va del año, los cortes de energía eléctrica se han repetido en distintos municipios, afectando a empresas, comercios, escuelas, hospitales y miles de hogares. Lo que antes podía considerarse una falla eventual hoy evidencia un problema estructural que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) no ha logrado resolver.
Las consecuencias son cada vez más graves. Empresas detienen procesos de producción, comercios registran pérdidas económicas por mercancía echada a perder y ventas canceladas, escuelas suspenden actividades o limitan el uso de herramientas tecnológicas, mientras que en los hogares los ciudadanos enfrentan afectaciones que van desde la pérdida de alimentos hasta la interrupción de servicios esenciales y daños a equipos electrónicos.
Lo preocupante es que la situación parece haberse normalizado. Cada nuevo apagón viene acompañado de explicaciones, pero no de soluciones de fondo. La infraestructura eléctrica muestra señales de estar rebasada frente al crecimiento industrial, comercial y poblacional que ha experimentado Querétaro durante los últimos años.
El problema ya no es únicamente una percepción ciudadana. El gobernador Mauricio Kuri González ha reconocido públicamente que una de las causas de los apagones es la falta de mantenimiento en la red eléctrica y ha informado que mantiene reuniones y mesas de trabajo con directivos de la CFE para exigir soluciones e impulsar proyectos que fortalezcan la infraestructura. Por su parte, el presidente municipal de Querétaro, Felifer Macías, también ha solicitado una respuesta inmediata de la empresa productiva del Estado ante las constantes afectaciones que padecen diversas colonias de la capital.
Cuando el Gobierno del Estado y los municipios coinciden en señalar que existe un problema serio en el suministro eléctrico, queda claro que la crisis dejó de ser un incidente aislado. Sin embargo, las respuestas de la CFE siguen siendo insuficientes frente a una realidad que golpea diariamente a miles de queretanos.
Querétaro se ha consolidado como uno de los estados con mayor crecimiento económico del país. La llegada de nuevas industrias, parques tecnológicos, centros logísticos y desarrollos habitacionales exige una red eléctrica moderna, robusta y confiable. Sin embargo, la infraestructura parece no haber crecido al mismo ritmo que la demanda de energía.
La responsabilidad de garantizar un servicio continuo y de calidad corresponde a la CFE. No basta con atender las fallas cuando ya ocurrieron ni con ofrecer explicaciones después de cada apagón. Lo que se requiere es una estrategia integral que contemple inversiones, mantenimiento preventivo y ampliación de la capacidad instalada para responder a las necesidades actuales y futuras del estado.
La electricidad es un servicio indispensable para el desarrollo económico, la educación, la salud y la vida cotidiana. Los ciudadanos pagan por un servicio que esperan recibir de manera eficiente y las empresas invierten con la confianza de contar con condiciones adecuadas para operar. Cuando el suministro falla de manera reiterada, también se deteriora la confianza en la capacidad de la infraestructura pública para acompañar el crecimiento de Querétaro.
La CFE no puede conformarse con administrar las crisis. Su responsabilidad es prevenirlas. Mientras los apagones continúen siendo parte de la rutina de los queretanos, seguirá creciendo la percepción de que la empresa fue rebasada por la realidad de un estado que avanza más rápido que su infraestructura eléctrica.
Querétaro no puede aspirar a consolidarse como un polo de desarrollo nacional mientras una de sus infraestructuras más importantes permanece vulnerable. La competitividad del estado no solo depende de atraer inversiones, sino también de garantizar los servicios básicos que esas inversiones requieren. Mantener encendida la economía comienza, literalmente, por mantener encendida la luz.

