Redacción
Lorena Sandoval (OEM)
Las muñecas Lele, originarias de las comunidades indígenas del municipio de Amealco, se han convertido en un símbolo nacional que hoy también se comercializa como artículo de lujo, con versiones coleccionables que alcanzan precios de hasta mil 590 pesos.
Este encarecimiento representa diferencias de hasta 536 por ciento frente a las piezas tradicionales elaboradas por artesanas, cuyo costo máximo ronda los 250 pesos en el Centro Histórico de Querétaro.
Además de plataformas digitales, estas versiones también se comercializan en puntos turísticos y aeropuertos del país, donde los precios se mantienen elevados al posicionarse como productos representativos de México para visitantes nacionales y extranjeros.
En la empresa Artesanías Coleccionables MX, a través de su portal de internet https://www.artesaniascoleccionablesmx.com/, una muñeca Lele tiene un precio regular de 590 pesos y puede bajar a 490 con descuento, mientras que modelos con variaciones como doble trenza de flores o sombrero alcanzan hasta 690 pesos, con rebajas a 590.
La diferencia se amplía en la línea de colección, donde cada pieza llega a mil 590 pesos, y paquetes de ocho muñecas por colección alcanzan precios de 12 mil 720 pesos, con descuentos que los ubican en 10 mil 430.40 pesos.
En contraste, artesanas del primer cuadro de la ciudad venden muñecas de 20 centímetros entre 120 y 150 pesos, y de 30 centímetros entre 200 y 250 pesos, dependiendo del traje típico y la complejidad de su elaboración.
Incluso en producciones por volumen, como pedidos en serie de 20 piezas, el costo puede incrementarse entre 40 y 60 pesos por unidad, sin acercarse a los precios del mercado coleccionable.
Si bien en el aviso legal del sitio se reconoce que la denominación “Muñeca Lele de Santiago de Mexquititlán” cuenta con reconocimiento e indicación geográfica otorgada por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), y que las piezas son elaboradas en Querétaro por artesanos locales respetando la tradición; no se detalla de qué manera se distribuyen los ingresos ni el porcentaje económico que reciben las artesanas, ni se especifica con claridad el grupo o comunidades con las que se trabaja.

